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4 de enero de 2010

IGUAL CON LAS MANOS

Se repite la secuencia: se me rompe el alma, se engendra el aire, los sonidos se vuelven tornasol, se marcha a tientas el día erecto, la mañana húmeda, la tarde insatisfecha, la madrugada se vuelve hierba, la hierba se vuelve humo, el humo se vuelve cáncer.

Y le doy un balazo al trastorno, lo vuelvo arena, me visto de él, lo masturbo, me culmina, lo atosigo, me destroza, lo sangro, me limita, lo atrofio, me atropella, lo magullo, me desnuda, llora, me río a carcajadas.

Me vuelvo uno en tres tiempos, miro al pasado, camino la cascada hacia arriba, ardo en hielo, muero en celo, vuelo a Marte a amarrarte, a matarte, a amarte, y regreso a hacerte uno, a hacerte cuatro, a hacerte ochocientas cincuenta noches, caracol, gusanos, nutria sin piel, marfil y perlas.

Me destroza el cosmos, me violan los demonios, me vuelvo granizo, y no me inspira, me ciega la noche, me cargo de espinas, me salen alas, y no me inspira, mastico al tiempo, fenezco en la orilla, me trago las lágrimas, y no me inspira, inhalo mis pulmones, me drogo con Dios, nazco de nuevo, y no me inspira.

Igual con las manos o sin ellas, me vuelvo especie en extinción, pieza de coleccionista, maravilla del mundo, lágrimas de luna, avellanas de cristal, flores de luz, piedras de estambre, bebés de mazapán, musa de linfa, escenarios que matan, cuchillos de miel, espuma y ojos blancos de epilepsia.

Igual con las manos me destrozo, me multiplico, me reconstruyo, y como estrella de mar, me vuelvo fósil en el fondo cuando el agua se evapora. Placebo de sal, placebo de mil colores.

Corro en espiral, me centrifugo, licuo las pieles y bebo aliento ajeno, me salen garras, me salen fauces, me vuelvo solo piel, y no me inspira.

La vida sigue siendo un estado de ánimo.