Vírginales tactos. Y vuelvo la cabeza hacia las esquinas del inmueble.
Para verte a gatas.
Grácil, inaudible, breve. Maravillosamente irreversible en los extremos verdes.
Y te vuelves gotas.
Virginales besos, llenos de miel y cacahuate; son las comisuras de tu boca que levitan mis andares explosivos.
Y te agotas.
Pero se retuercen, se tocan a sí mismos los infames dedos machucados por la niebla dura. Por el frío que erecto nos eriza. Que nos paraliza arrebatado.
Se licuaron las salivas de los labios escurriendo, del discurso mal parido, insatisfecho del veneno saboreado.
Y quiero devorarte desde adentro; en la piel, en los pelos, entre las mucosas asfixiadas.
Por eso voy a colarme en tus entrañas, desnudándome violentamente, voy a lamerte las flexuras y empaparte el intestino de sudores con azúcar, voy a acariciarte las organelas, voy a poseerte al infinito.
Salpicaré de gracia los duros golpes del orgasmo, eyacularé tus poros, saborearé la asfixia de tu condena preferida.
Voy a desgarrarte el himen de los días andados, de tus pretéritos momentos, escribiré con la tinta del placer menstruado.
Voy a darte todo, a mi muy singular manera de quererte.
Así de retorcido me encontró el romance a deshoras.
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